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A pesar de la gran variedad de frutas y vegetales que tiene Nicaragua, la población nicaragüense los consume cada vez menos y con menos frecuencia

En el mundo occidental, a pesar de sus altos costos, los vegetales, particularmente las frutas tropicales son objetos de deseo. Un mango bien puede costar entre uno y 1.50 dólares dependiendo del país y hasta de la ciudad dentro de cierta nación. El mango, además de sus altos contenidos en antioxidantes —muy conocidos por combatir el cáncer— es rico en vitaminas A, B y C.

La población occidental lo sabe y por eso no titubea al pagar el costo por éste. Y mientras esto ocurre en el norte, en el sur somos testigos de ver cómo se pudren miles de mangos y muchas otras frutas más en los patios de nuestras casas.

Nicaragua, como la mayoría de los países centroamericanos, ha perdido el hábito (varios expertos argumentan que nunca lo han tenido) de consumir nuestros propios alimentos como son las verduras y las frutas tropicales, quizás porque sabemos que siempre estarán allí.

Esto le está costando muy caro a sus ministerios de salud, debido al alto consumo de bebidas gaseosas y comidas chatarras, puesto que los niveles de diabetes se han disparado de manera muy alarmante en los últimos 10 años, especialmente la Diabetes tipo 2, generalmente caracterizada por los altos niveles de azúcar en la sangre.

La nutricionista clínica, Ana María Vega tiene más de 15 años de laborar en el Hospital Manolo Morales y es una de las encargadas de ver pacientes con diabetes, hipertensión y en algunos casos, ambos. Al preguntarle a sus pacientes qué comen por la mañana la repuesta es “una taza de café y pan blanco” o “gallo pinto, café y pan.” “Hay gente que simplemente no le gusta consumir frutas ni vegetales. En realidad no hay mucha educación (en el país) sobre esto,” dice Vega.

Si bien en cierto que casi el 80 por ciento de la población nicaragüense no cuenta con los ingresos suficientes para consumir productos de alta importancia como la leche, tan bien es cierto que en comparación con el costo de la comida chatarra, las frutas y vegetales son “regaladas.”

Un ejemplo es cómo la gente prefiere pagar 12 córdobas por una lata de gaseosa para quitarse la sed, que comprar dos naranjas por 2 córdobas cada una aproximadamente. La educación sobre la nutrición básica parece ser la raíz del problema y no el viejo mito que “nuestros salarios no nos dan para comer bien.”

Una de las grandes excusas falsas de los nicaragüenses sobre el porqué la falta de consumo de frutas y vegetales se debe a que tienen un alto costo. Esto es cierto, siempre y cuando nos refiramos a legumbres como el brócoli o la lechuga romana, en su gran mayoría importadas. Pero nadie ha dicho que es necesario comerlos para obtener la fuente de vitaminas que necesitamos, para eso tenemos aguacates, chayotes, pipianes, berenjena, pudriéndose en los mercados capitalinos esta última.

“La falta de consumo de frutas y de verduras en el país es generalizada,” dice la nutricionista del Hospital Metropolitano Vivian Pellas, Rita Padilla.

“Muchas personas tienen el recurso, pero no el conocimiento de la importancia de estos. Por ejemplo, tengo un paciente de un cierto estatus social. [Él] tiene un huerto pero no le gusta comer verduras para nada” ,dice Padilla.

En las escuelas primarias de nuestro país ya se han tomado dos iniciativas para combatir este problema. Hace un par de años el Ministerio de Educación tomó la decisión de remover las colas y “chiverias” de los quioscos y se ha comenzado a impartir clases sobre nutrición donde al alumno se le introducen temas como la pirámide de alimentos. Pero esto no ocurre hasta cuarto o a veces quinto grado, dependiendo de la escuela.

Vega y Padilla argumentan que una clase de nutrición es tan esencial como las matemáticas. Ambas coinciden que esta clase debería introducirse aún más temprano, para así ir inculcando el hábito de comer nuestras frutas y vegetales en una etapa clave: la niñez.

Así como los padres de familia animan a sus hijos a comer calamar y carne de pulpo de una manera divertida en países europeos, así también se podría ir haciendo hincapié en la educación de nuestros niños para que ellos mismos hagan enlaces con los padres de familia y les digan que están aprendiendo de ciertos alimentos y así incidiendo en la compra de ellos.

Migdalia Gómez es una comerciante en el mercado Mayoreo de Managua por ya casi 30 años. Entre los productos que más vende están las papas, repollo, ajo, cebolla, tomates, coliflor, etc.

Gómez toca un punto muy esencial que ninguna de las nutricionistas había tocado hasta ahora. “Todo entra por los ojos. ¿Usted quiere comer algo cuando lo ve rico, no? Los productores no quieren lavar las verduras antes de mandarlas al mercado. Tampoco se toman el trabajo de separar las buenas de las malas”.

“Mire ese saco de papas, ¿a usted le apetece comer esas papas?” dice apuntando a un par de sacos llenos de papas tierrosas. Pero si usted las viera lavaditas, bien limpitas, a usted le apeteciera comerlas. Ellos no las lavan por pereza”, dice.

Esto es cierto, pero también hay que hacerles justicia a los productores. El cliente no va a pagar el precio adicional por ello, el único que lo hace es aquel que frecuenta los supermercados.

Al contrario de Nicaragua, los productores de otros países latinoamericanos como Chile y Costa Rica sí se preocupan para que sus productos lleguen al mercado en buena presentación y no cabe duda que esto influye en el consumo de estos entre sus poblaciones. Aunque esto no siempre fue así.

En el caso de Costa Rica, por ejemplo, el problema de la higiene en los mercados era el mismo hace ya un par de décadas, pero solo basta caminar por sus mercados para darse cuenta que sus productores y comerciantes han ido mejorando en este campo.

Una buena presentación de un alimento nos insta a consumirlos. Quizás la razón por la cual los comerciantes no las mantienen limpias y arregladas es porque saben que su venta no es tan buena.

Es muy común no encontrar frutas en los puestos de ventas debido a que según sus dueños “nadie las compra ya” por lo que terminan pudriéndose. Ahora lo que más abunda son las bebidas gaseosas.

Además de la inmensa propaganda que disfrutan éstas, el diseño chic de sus envases las hace ver más apetecibles que las frutas llenas de moscas y sucias en los puestos de ventas alrededor de todo el país.

Estas grandes compañías invierten millones de dólares al año al crear y mejorar la apariencia de los empaques de sus productos empleando desde psicólogos hasta expertos en semiótica para que les ayuden a decidir sobre el material, el tamaño de las letras y hasta los colores de éstos. En muchos de los casos las marcas venden el envase, no el producto en sí. La industria de la cosmetología es una gran experta en esto.

Los estudios científicos ya han demostrado que ciertas fragancias y colores juegan un papel muy importante a la hora de decidir qué productos comprar. De igual manera, esto ocurre con las bolsas de papitas fritas, nachos y un sinnúmero de otros productos.

Por otro lado, existe la propaganda masiva de estos productos que le llegan al consumidor y potenciales consumidores (que son los que les interesan) por la televisión, donde al contrario de países desarrollados no hay regulaciones sobre los spots publicitarios de estos.

En otros países, no es poco común mirar un spot de publicidad de estos productos con una cinta abajo que diga, “evite el exceso”, o “hacer media hora de ejercicio al día es recomendable para la salud”.

La misma empresa privada apoya esas campañas. Kellogg es una las grandes compañías que se ha embarcado en estas iniciativas.

“En nuestro país, tenemos una riqueza de vegetales”, dice la nutricionista Padilla, “y se deduce que porque los tenemos se van a consumir, y como vemos, eso está muy lejos de la realidad”.

No cabe duda, que el Ministerio de Salud (Minsa) tiene una gran labor por hacer, que a propósito, no quiso dar ninguna entrevista al respecto cuando supo que este reportaje era para esta publicación.

Tanto los científicos expertos en agricultura como los nutricionistas están de acuerdo que una vez extraída la fruta o verdura de su árbol, esta pierde hasta el 45 por ciento de sus vitaminas.

Esto ocurre en el transcurso del corte y traslado a los puestos de venta, pues una vez, ya cortadas, es obvio que no están recibiendo los nutrientes a través de las raíces de la planta.

Para el consumidor esto quiere decir que comerlas más temprano es lo más recomendable. Puesto que entre más tiempo pasen guardadas en un refrigerador, el proceso de envejecimiento hace que vayan perdiendo las vitaminas y minerales con más rapidez.

Es por eso que en el caso de las verduras no es recomendable comerlas cocidas porque, aparte de haber perdido una buena porción de sus vitaminas, el fuego termina acabando con el resto. Lo ideal es comerlas al vapor.

Cuando la fruta es cortada del árbol pierde el 45 por ciento de sus vitaminas, por eso se recomienda consumirla cuando está fresca. Y con la variedad de frutas tropicales existente, en Nicaragua es más barato alimentarse sanamente que con comida
Hay gente que piensa que con ponerle vegetales a los tacos —a hervirse en mantecas saturadas— ya han cumplido con su labor, pero no es así. Hoy los nutricionistas recomiendan comer por lo menos cinco porciones de frutas y/o vegetales de diferentes colores al día. El color es importante porque una fruta o vegetal de color intenso es indicio de la cantidad de vitaminas que ésta posee.

Para Padilla, uno de los mayores desafíos al consumir vegetales nacionales es la falta de creatividad al prepararlos. Según, ella sus pacientes se quejan de no querer comerlos cocidos. “Pero hay diferentes maneras. Salteados con aceite de oliva o a la plancha con queso rallado son dos alternativas”, dice.

Por otro lado, tenemos el azúcar. Uno de los grandes errores que el nicaragüense comete al ingerir refrescos naturales es agregarles excesivas cantidades de azúcar a estos.

Aparte de estar agregando calorías vacías al cuerpo, están contribuyendo a entrar en el grupo de alto riesgo de diabetes, una epidemia que día a día avanza en el país debido a los ya mencionados hábitos alimenticios. La fruta ya tiene sus azúcares naturales, de hecho hay pacientes de diabetes que tienen que tener mucho cuidado de ingerir demasiadas por su alto contenido de azúcar.

Es comprensible que a la gente —acostumbrada ya a consumir mucha azúcar— se les dificulte tomar refrescos “simples”, pero sustituir el azúcar refinada por la negra es un gran paso a mejorar en este campo. El azúcar negra es más saludable porque a diferencia de la refinada, está libre de químicos y colorantes. La blanca pasa por un proceso con el fin de que dure más —quitándole así los nutrientes que se encuentran en su estado virgen cuando aún se llamaba caña de azúcar.

En nuestro país, hay gente que ha comenzado a tomar conciencia sobre lo dañino que es el azúcar, pero con esto ha surgido otro problema: los endulzantes artificiales.

Splenda o sucralosa está entre las más populares en este grupo. Splenda es un químico sustituyente del azúcar. Contiene cero calorías y esto es lo que la ha hecho popular entre los que procuran “cuidar la figura”.

Splenda contiene dextrosa, maltodext y sucralosa, y esta última proviene del azúcar que ha sustituido tres átomos de cloro por tres oxígeno de hidrógeno. Esto es lo que hace que las colas dietéticas sean dietéticas.

Aunque la Administración de alimentos y medicamentos de los Estados Unidos, FDA por sus siglas en inglés, la aprobó en 1998, no se han hecho demasiados estudios sobre las consecuencias que pudiera tener a largo plazo.

Se sabe, por ejemplo que consumir 15 mg/kg al día durante toda la vida, no tiene ninguna repercusión. Fuera de esas cantidades no se sabe mucho. Ya la historia nos ha enseñado en ser cautelosos con lo desconocido.

El punto fundamental de esto es: no hay nada mejor que consumir productos conocidos por la humanidad por cientos y hasta miles de años como lo es el azúcar en su estado virgen (azúcar derivada de la caña) a algo que apenas se introdujo al mercado hace poco más de una década.

Y mientras exista clima tropical y suelos fértiles en nuestro país —las ciencias naturales apuntan que lo seguirá siendo por miles de años más— habrá frutas y verduras esperando a ser devoradas por aquél que sea lo suficientemente inteligente de comprender que son fuentes de salud, capaces de prevenir todo tipo de enfermedades incluyendo el cáncer y la diabetes. FUENTE:  laprensa.con.ni

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